No te deseo "feliz año", te deseo lucidez
¡Ah, 31 de diciembre! Ese rito laico donde la cronología pretende disfrazarse de ontología, el calendario vuelve a prometer lo que el ser histórico sistemáticamente niega. El cambio de cifra -ese numerus magicus- es presentado como un umbral de redención, cuando en realidad no pasa de ser una operación administrativa del tiempo. Desde una perspectiva ontológica, nada acontece en el ser por el simple desplazamiento del calendario: el Dasein continúa arrojado (Geworfenheit), alienado, precarizado y funcional a una maquinaria que se reproduce con precisión casi metafísica. Como advirtió Heidegger, el problema no es el tiempo que pasa, sino la forma en que somos en él (Heidegger, 1927/2009).
El balance de fin de año, tan celebrado por la ciudadanía como ejercicio de “conciencia”, suele operar más como falsa conciencia que como crítica real. En clave marxiana, no es un balance de las condiciones materiales de existencia, sino un inventario moral individual que encubre la estructura de explotación (Ausbeutung) que permanece intacta. Se evalúan logros personales mientras el sistema económico profundiza la expropiación del tiempo vital, ese bios reducido a mera fuerza de trabajo. Byung-Chul Han ha mostrado con crudeza cómo la autoexplotación neoliberal resulta más eficaz que cualquier forma clásica de dominación: el sujeto ya no necesita un amo externo, se convierte en su propio capataz (Han, 2014).
La situación internacional y la coyuntura argentina no hacen sino confirmar esta tesis. Guerras, endeudamiento estructural, ajuste permanente y una pedagogía de la resignación configuran un escenario donde el ser social es modelado para soportar lo insoportable. La alienación ya no se vive como tragedia, sino como normalidad. Como en Tiempos modernos de Charles Chaplin, el cuerpo sigue atrapado en los engranajes, pero ahora sonríe para Instagram. En clave latinoamericana, Eduardo Galeano lo dijo con precisión poética y política: el sistema enseña a desear lo que nos niega (Galeano, 1998).
Desde la mitología griega, resulta imposible no evocar a Sísifo, condenado a empujar eternamente la piedra que siempre vuelve a caer. Albert Camus propuso imaginarlo feliz; el neoliberalismo, en cambio, lo imagina productivo, motivado y agradecido por tener una piedra. El problema no es la falta de voluntad, sino la estructura del castigo. Pensar que el próximo año “será mejor” sin transformar el sistema es insistir en la repetición del mito, pero sin la lucidez trágica. Aquí no hay anagnórisis, solo repetición.
Claro que siempre queda el consuelo del brindis, los abrazos programados y las frases hechas: “todo va a mejorar”, “hay que ser positivo”, “el cambio empieza por uno”, “elijo creer” y “decreto para que el universo me dé”. Una liturgia perfecta para que nada cambie. El sistema aplaude mientras la ciudadanía se culpa por no alcanzar la felicidad prometida. Es la ideología en su forma más elegante: sonriente, colorida y profundamente cínica. Ironía del destino: cuanto más se repite el mantra del optimismo, más se naturaliza la catástrofe.
Si se quiere hablar seriamente de cambio, hay que abandonar la metafísica del deseo individual y asumir una ética de la transformación estructural. No hay salvación privada en un mundo socialmente injusto. La ontología del ser-en-común (Mitsein) exige pensar la política más allá del marketing y la economía más allá del sacrificio eterno de las mayorías. Cambiar el sistema no es una consigna romántica, es una necesidad racional. Como señaló Marx, no se trata de interpretar el mundo, sino de transformarlo (Marx, 1845/2004).
Este texto no desea un “feliz año”. Desea lucidez. Porque sin conciencia crítica, el tiempo no avanza: gira en falso. Y porque, quizás, el verdadero acto revolucionario no sea esperar que el año próximo sea mejor, sino decidir -colectivamente- que este orden de cosas ya no es aceptable.
Si algo exige este cierre de año no es esperanza ingenua, sino pensamiento crítico. Mientras el sistema permanezca incuestionado, el calendario seguirá siendo un placebo ontológico. La tarea filosófica -y política- consiste en interrumpir la repetición, romper el mito y devolverle al tiempo su densidad histórica. De lo contrario, el futuro será apenas la prolongación sofisticada del presente.
Bibliografía
Camus, A. (2013). El mito de Sísifo. Buenos Aires: Losada. (Trabajo original publicado en 1942).
Galeano, E. (1998). Patas arriba: La escuela del mundo al revés. Buenos Aires: Siglo XXI.
Han, B.-C. (2014). Psicopolítica: Neoliberalismo y nuevas técnicas de poder. Barcelona: Herder.
Heidegger, M. (2009). Ser y tiempo. Madrid: Trotta. (Trabajo original publicado en 1927).
Marx, K. (2004). Tesis sobre Feuerbach. Buenos Aires: Ediciones Luxemburg. (Trabajo original publicado en 1845).


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